* Primero quiero hablarles de un episodio de ayer a la tarde. Caminaba con una amiga por Paraguay y Azcuénaga a eso de las cinco de la tarde. Vemos alboroto: dos flaquitos y dos flaquitas (de no más de quince años) arriconando a una piba para sacarle todo contra el Hospital de Clínicas. Empezamos a correr, a buscar al policía de la esquina. Cuando lo encontramos, ya era tarde. Obvio que se habían ido a la re mierda.
Querido* chorro hijo de puta:
Me importas un orto. Desde el momento en que atentás contra mi salud física y psíquica, ya no te tengo más respeto. ¿No tenés para comer? ¿Tu vida es una mierda? Y bueno, yo no puedo hacer nada. No entiendo por qué te empeñás en sacarnos nuestras cosas, amenazando, enfermándonos. Cada vez que te veo a vos o a cualquiera de tus amiguitos haciendo estas cosas, sólo me dan ganas de cagarte a patadas en la cabeza. Y somos muchos los que pensamos así. Ojalá no te salgas con la tuya y me termine yendo a la concha de la lora.
*(es un decir)
(Nota: Creo que todos los que piensan diferente a mí jamás pasaron por una situación así de chota. Si me equivoco, háganmelo saber y explíquenme si puedo cambiar mi punto de vista y dejar de sentirme tan paranoica y violenta todo el tiempo.)
* En segundo lugar les digo que sí, que tuve sexo salvaje y que estuvo buenísimo.